Desde el descubrimiento de las aguas a finales del siglo XVIII, el balnario de Zestoa ha dado cobijo a miles de personas que venían buscando en este rincón de Gipuzkoa salud y reposo.

El Balneario ha conocido momentos mejores y peores pero ninguno como el de los "felices años veinte" cuando llegaban agüistas de todo el mundo. A su amparo la población de Zestoa, a un kilómetro de distancia, se llenó de hoteles y el período estival era una fiesta permanente.

Las técnicas para aprovechar las virtudes del agua han ido evolucionando con el paso de los años. Ahora, y tras la reciente remodelación de todas las instalaciones, podemos disfrutar de piscinas termales, chorros, barros, sauna, jacuzzi... y, por supuesto, de la simple ingesta del agua. Estas instalaciones no están únicamente reservadas a clientes del hotel y pueden ser disfrutadas por todos previa petición de cita

 
En las imágenes, una vista general del Balneario, a orillas del río Urola, y varios detalles de las instalaciones termales.